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Chikon, el protector de la Mazateca



El Chikon (dueño de la tierra, señor de los mazatecos), personaje emblemático de Oaxaca, emerge de las profundidades de la mitología local para convertirse en el dueño y protector de las majestuosas montañas que dominan el paisaje del municipio de Huautla de Jiménez, epicentro cultural de la región mazateca. 


En Huautla, el Chikon de mayor importancia es el Chikon Nindo Tokosho (“el güero dueño del cerro o cerro de la adoración”). El güero (término que usan en México para llamar a las personas de piel blanca) es representado como un jinete de piel clara y cabello rubio, montado sobre un imponente caballo blanco; atributos que lo distinguen y le confieren un aura única en la tradición mazateca. 


Chikon Nangui o Chikón Tokosho vive en el interior de los cerros mazatecos; su forma de vida emula las características de la vida campesina: se rodea de campos sembrados de maíz y café, bosques, pastizales y ganado vacuno, e incluso de las personas que se lleva consigo. 

Algunos habitantes señalan que este personaje es como un rey que gobierna en el monte, que pastorea a los animales silvestres, a los cuales cuida y mantiene como si fueran su ganado.


Símbolo de prosperidad



La creencia sostiene que el Chikon otorga fertilidad a los suelos y bendice la tierra con abundancia y prosperidad. Determinados rituales se dirigen a los chikones y están relacionados con el calendario de las actividades agrícolas. Antes de preparar el terreno para la siembra se realizan ofrendas para solicitar permiso a estos dueños sobrenaturales, y prevenir de este modo el hecho de incurrir en una trasgresión que pueda afectar la productividad del suelo. El momento de la cosecha también es motivo de un ritual de agradecimiento al Chikon. 


La historia del Chikon se entreteje con la vida cotidiana de Huautla de Jiménez, donde la agricultura y la ganadería son pilares fundamentales. La tradición oral transmite la importancia de honrar al Chikon, cuya figura se convierte en un guardián venerado, asegurando la conexión espiritual entre la comunidad y la tierra que cultivan.


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